CLASE 3 - Reflexión individual

Reflexión 3: Modelo

Nuestro estudiante modelo se llama María y tiene 25 años. Ella nació en el sur de Argentina pero desde los 17 años vive sola en Buenos Aires, momento en el cual viajó para anotarse en la carrera de Ingeniería Industrial. María proviene de una familia grande y tradicional, tiene cinco hermanos y estudió en una escuela católica con valores cristianos, lo que la hizo desarrollar prejuicios hacia las personas que, para ella, no son “correctas”. Toda su vida creció con contención familiar, por eso le fue difícil cambiar de carrera cuando se dio cuenta que su pasión no era la Ingeniería sino la Arquitectura. Actualmente se encuentra cursando el 3er año de su nueva carrera, es una alumna muy aplicada a la que le gusta llegar temprano a clases sin perderse ninguna teórica, en un futuro quiere tener su propio estudio donde pueda materializar sus proyectos. Hacer todo esto es una forma de demostrar el esfuerzo y trabajo que requiere seguir sus sueños, le gustaría que sus padres sientan orgullo al ver que ella pudo resolver su vida de forma exitosa tomando buenas decisiones.

Al momento de compararme, llegué a la conclusión de que mi vida no se parece en casi nada a la de María, lo único que tenemos en común es haber cambiado de carrera y querer tener nuestro propio estudio. Esto me hace reflexionar sobre muchos temas, es muy distinta la vida de una estudiante que tuvo que mudarse de provincia para poder estudiar una carrera universitaria a la vida de los que crecimos en Buenos Aires con múltiples opciones, posibilidades, accesos y comodidades. Aún así, sentimos que no es suficiente y solemos quejarnos por cosas superficiales como tener que viajar en hora pico o que haya mucha fila al momento de imprimir. Si el estudiante modelo de FADU es alguien que vino de otra provincia con una crianza completamente distinta a la mía, entonces ¿Yo no tengo rasgos modélicos? ¿Mi estilo de vida no encaja con el estereotipo que analizamos en clase? ¿Soy una minoría o inconscientemente me acerqué a personas que comparten rasgos conocidos de mi vida? Me cuesta ponerme en el lugar de María porque no estoy ni cerca de su situación… Esto me lleva a pensar en que también es una forma de prejuicio, entonces capaz sí comparto más cosas con María: los prejuicios. No son prejuicios acerca de estilos de vida correctos o incorrectos sino que me doy cuenta que la mayoría de las amistades que hice en la universidad, son personas de Buenos Aires con vidas que -un poco- se parecen a la mía. Creo entonces que tengo rasgos modélicos y que a su vez busco los mismos rasgos en otras personas para poder acercarme a ellas. Volviendo a María, admiro su decisión de abandonar el confort familiar y hogareño para lanzarse a ser ella misma. Yo no podría hacerlo, mi casa es mi ancla. Durante toda mi vida me mudé por distintos barrios y me cambié de colegio muchas veces, esto significó que durante un tiempo mis amistades duraran dos años, además de ser hermana menor y crecer prácticamente como hija única. Por este motivo no podría estar sola en un lugar tan alejado de mi familia ahora que siento estabilidad. Es algo impensado para mí. Rechazo que María siga aferrada a los prejuicios adquiridos en su infancia, al decidir cambiar de vida tendría que haber dejado esos pensamientos atrás pero supongo que, a la vez, es una forma de recordar sus raíces y mantenerse conectada con su vida familiar. Quizás, seguir esos prejuicios equivale a no soltar sentimentalmente a su familia. Si me pongo a pensar en cuáles son mis rasgos modélicos no sé qué escribir porque los tengo tan incorporados que no puedo distinguir entre un modelo y algo propio de mi ser. Incluso, al tener vidas distintas, empiezo a reflexionar si los rasgos de María pueden considerarse modélicos o no. También creo que mi forma actual de ver la vida es distinta a la que tenía cuando comencé la carrera, momento en el que sí actuaba como un estudiante modelo de FADU. Mi carrera inicial fue el profesorado de Artes Visuales, cursé dos años pero muchas personas me decían que tenía aspecto y actitud de diseñadora gráfica. Recuerdo una clase de pintura donde la profesora me dijo: “Esto es pintura, no es publicidad” porque había escrito una palabra en un cuadro y -supongo que- eso no podía hacerse. Otro día estaba volviendo a mi casa en colectivo cuando observé a dos chicas hablando de FADU, maquetas, entregas e impresiones, parecían muy felices. Realmente vi felicidad en sus caras. Ahí fue cuando pensé en que yo quería hacer eso, maquetas, yo quería ser feliz como esas chicas. Esa sensación y los comentarios donde las otras personas decían verme más como diseñadora que como artista, me hizo tomar la decisión de cambiar de carrera. Pero yo no sé qué vieron esas personas en mí, algo modélico debía tener, no creo que haya sido nada superficial ni estético, pero había algo que las personas notaron y yo no. Puedo agregar que antes de hacer la carrera de Artes Visuales realicé el Bachiller en Comunicación, Arte y Diseño; además de un breve curso de diseño gráfico con el que aprendí a usar las herramientas. Yo siempre quise ser diseñadora, desde los 8 años cuando me imaginaba diseñando las revistas que me gustaban. Por algún motivo me anoté a otra carrera pero se ve que algún destello de diseño quedó dando vueltas a mi alrededor para que ahora me encuentre a solo dos materias de recibirme. No habré tenido la misma crianza que María pero sí tenemos los mismos objetivos y ambas entendemos lo complejo que fue llegar a estudiar lo que realmente queríamos, quizás yo lo tuve más fácil y tuve que subir menos escalones, pero no soy tan aplicada como ella así que permanezco más tiempo en cada escalón. Sin embargo, podemos coincidir en que las noches de entrega en la que todo estudiante de FADU duerme tres horas o menos, hicieron que estemos más cerca del futuro que soñamos.


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