Clase 4 - Reflexión individual
Esta clase fue sin dudas un espacio para encontrarnos con nuestro 'yo'. Fue muy interesante la propuesta de estar alejados unos con otros, en silencio. En alguna de mis derivas pensé que esa circunstancia reflejaba lo que vivimos durante el aislamiento por covid; cada uno por su lado, aislado, en silencio. Qué difícil es encontrar esos momentos en el día a día, para reflexionar, permitirse pensarme. Durante los primeros minutos intenté cruzar miradas con alguien para confirmar mi teoría: ¿estamos todos locos? ¿Cómo nadie cuestiona esto que estamos haciendo? ¿Nadie va a levantar la mano y decir 'che, ¿que es esto?' ? ¿Nadie va a salir por esa puerta riéndose a carcajadas, con cara de espanto, con ganas de contar la actividad del día de heurística? En esa búsqueda, en la que mis ojos no se quedaban quietos y buscaban esa complicidad para, al menos, soltar una sonrisa, me di cuenta de que la mayoría se estaba tomando muy en serio la propuesta. Observé como a algunos se les fruncía el ceño, se ponían el dedo pulgar y el índice sobre la ceja, cruzaban las manos y las apoyaban entre las piernas, como si estuvieran rezando. Fue entonces cuando me miré a mí y me dije: estas desaprovechando una oportunidad. Una vez, en morfología, un profesor nos dijo: "El segundo que acaba de pasar ya no vuelve, todo lo que es en vivo tiene la condición de vivirse solo una vez". Recordándolo, cerré mis ojos e intenté concentrarme. Al principio fue difícil. Por un lado, el viento que entraba desde la ventana estaba helado. Por el otro, mi mente seguía sin saber hacia donde ir, daba vueltas sobre mis pensamientos una y otra vez. Intenté quedarme quieto, inmóvil. Me propuse respirar más hondo. Me di cuenta de que quedarme inmóvil era imposible. Pensé en el movimiento. En los pájaros que volaban por afuera; los aviones que aterrizaban en aeroparque; los árboles agitándose; la gente que movía los bancos en el piso de arriba; la gente que llegaba caminando; los colectivos ingresando a fadu; los colectivos retirándose, el agua del río chocando contra la orilla, el tren llegando a la estación; la autopista cargada de autos; mi pecho inflándose y desinflándose con la respiración; las nubes corriendo a toda velocidad; el mundo girando. Cuanto contraste entre la velocidad de todo esto y la quietud de mi mano escribiendo en el papel. Después pensé en las personas. En los mundos de cada persona. En los universos atrás de cada par de ojos. En los míos, los tuyos, los de mi compañero, los del chofer del bondi, los que van en cada auto que pasa por segundo en la carretera. ¿Cuántas realidades hay a dos metros de distancia?
Después de un rato llegó la música. Me hizo pensar en escenas de películas nostálgicas o antiguas, de los orígenes. Nadie dice nada. ¿Qué pensarán los demás? Me sentía observando a un mundo que no me observa. Me sentía por encima de todo, en la altura del taller, en mis propios ojos. Reflexioné sobre el significado de la altura en los edificios, ¿quienes están más alto? ¿por qué?. El sol picaba contra el agua del río, contra el asfalto, el hormigón, el pasto, la tierra. Picaba como mis pensamientos. Me sentía obediente. La obediencia. La fuerza de la palabra de un profesor. La trayectoria. Comenzaba a percibir la ruptura de la superficialidad de las personas en su silencio.
Heurística 2022 - García Lanusse Agustín
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